Porque, para comernos un filete, una sopa de pollo, un huevo frito o un embutido, miles de millones de animales tienen que sufrir atroces torturas durante toda su vida.
Si acaricias a una vaca, observas de cerca a un cerdo, o crías a un pollo desde pequeñito, te darás cuenta de que los animales sienten y padecen igual que nuestras mascotas perrunas o gatunas, o como cualquiera de nosotros.

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